Washington ultima los preparativos para la extraordinaria investidura de Obama
Enero 20, 2009
La ciudad de Washington ultima hoy los preparativos para la toma de posesión, este martes, de Barack Obama como el primer presidente negro de Estados Unidos, un acto histórico al que se espera que acudan dos millones de personas.
Se trata de un acontecimiento sin precedentes incluso en esta capital, que se codea con los más poderosos y que luce hoy engalanada con banderolas y gallardetes por doquier, y en la que todos los escaparates y puestos ambulantes rebosan de mercancía relacionada con la ceremonia.
La expectación que el acontecimiento ha suscitado supera cualquier otro acontecimiento reciente y pondrá a prueba los recursos de los servicios de transporte, de seguridad y, por supuesto, los de hostelería y restauración.
Cerca de 42.000 agentes de las fuerzas de seguridad, incluidos 10.000 soldados de la Guardia Nacional, permanecen desplegados en la capital estadounidense desde el viernes. Hoy el centro de Washington, un área de 5,6 kilómetros cuadrados, quedará cerrado a cal y canto al tráfico después del mediodía.
La ciudad se convertirá entonces en una especie de fortaleza medieval, pues se cortará también el acceso por los puentes a través del río Potomac, y el tráfico aéreo quedará restringido.
Incluso a pie, quienes deseen entrar en las áreas acotadas tendrán que hacerlo a través de puestos de control y someterse a un exhaustivo registro. Están prohibidas las bolsas que no tengan un tamaño muy reducido, los paraguas y las sillas de ruedas.
Los servicios de transporte han desplegado un dispositivo especial y han multiplicado el número de autobuses y de trenes de metro que estarán disponibles, pero nadie sabe si serán suficientes para la multitud que se anticipa.
Ante la posibilidad de no poder llegar a los festejos -o al puesto de trabajo-, numerosos residentes en el extrarradio han optado por pasar la noche en la oficina. Es el caso del personal del Congreso, que llevará camas supletorias y sacos de dormir a los despachos de los legisladores, o de agentes de la policía, que tratarán de echar una cabezada en algunas iglesias estratégicamente situadas.
Los actos de mañana comenzarán a primera hora, cuando el presidente saliente, George W. Bush, recibirá por última vez en la Casa Blanca a Obama.
La ceremonia de investidura, en la escalinata del Capitolio, comenzará a las 16.30 GMT, cuando bajo los ojos del mundo y ante la presencia de representantes extranjeros, legisladores de EE.UU., el Tribunal Supremo y la prensa internacional, el presidente del Supremo, John Roberts, tomará juramento a Obama sobre la Biblia en la que Abraham Lincoln también prometió defender la Constitución.
En su discurso de investidura, según sus asesores, el presidente incidirá en el tema central de la responsabilidad, tanto individual como del Gobierno y de las empresas.
Quienes no cuenten con boletos para ver la ceremonia de cerca podrán acudir al Mall, el gran parque que recorre el centro de Washington desde el Capitolio hasta el monumento a Lincoln a lo largo de cinco kilómetros y donde se han colocado pantallas gigantes para el público.
Tras el acto, Obama y su familia participarán en un almuerzo con los congresistas en el Capitolio, en el que el menú se ha inspirado en los gustos de Lincoln a base de sopa de marisco, faisán y pastel de manzana.
Después se desplazará en limusina a la Casa Blanca en un desfile en el que participarán más de 90 bandas de música, carrozas y grupos comunitarios. Tradicionalmente el presidente recorre el último tramo y entra en la Casa Blanca a pie.
Obama, que hoy dedica el día a homenajear la memoria de Martin Luther King, el luchador por los derechos civiles, comenzará el miércoles su primer día completo como presidente con un servicio religioso antes de ponerse manos a la obra.
Según su asesor político, David Axelrod, ese mismo día Obama se reunirá con los principales mandos militares para pedirles un plan de retirada para Irak y prometerá el envío de más tropas a Afganistán.
A lo largo de la primera semana, Obama también planea emitir una orden ejecutiva que abra el proceso para el cierre de la prisión en la base militar de Guantánamo, según su portavoz, Robert Gibbs.
Washington, 19 ene (EFE).- Cuando Jon Favreau conoció a Barack Obama en 2004 tenía solo 23 años. Ahora es el principal encargado de redactar los discursos de quien mañana será investido presidente de Estados Unidos y se ha hecho famoso por sus dotes de orador.
Favreau, a quien todo el mundo llama Favs, y el próximo presidente estadounidense se cruzaron en un momento crucial para Obama, en julio de 2004.
Fue entonces, durante la convención del Partido Demócrata en Boston, cuando Obama, un desconocido senador estatal de Illinois, pronunció el discurso que lo lanzó a la escena política nacional.
“No hay un EE.UU. blanco y un EE.UU. negro, sino los Estados Unidos de América”, dijo quien mañana se convertirá en el 44 presidente del país en un discurso conciliatorio e impregnado de esperanza.
En una de esas casualidades del destino, Favs, que trabajaba en 2004 para la campaña del entonces aspirante presidencial demócrata John Kerry, se encontraba en la parte trasera del escenario mientras Obama ensayaba su discurso.
Y en un momento dado interrumpió a Obama para advertirle de que tenía que cambiar una frase porque había una repetición.
“Se me quedó mirando, un tanto confundido como diciendo, quién es este joven”, recordó Favreau el año pasado en una entrevista con el diario The New York Times.
La derrota de Kerry en las elecciones presidenciales de noviembre de 2004 dejó a Favs desempleado pero con buenos contactos que lo recomendaron a quien ahora es su jefe.
Obama tenía entonces bastante tiempo libre, y él y Favreau se conocieron bien.
Favs se impregnó de lleno de la retórica de Obama para poder redactar discursos que reflejaran su voz. El engranaje entre ambos, a juzgar por los resultados, ha funcionado a la perfección. Los dos han trabajado estrechamente en el discurso más importante de Obama, el que pronunciará mañana frente al Capitolio estadounidense.
Según Jen Psaki, portavoz de la oficina de transición de Obama, éste se reunió con Fravreau y su asesor político David Axelrod antes de la celebración de Acción de Gracias, que tiene lugar el cuarto jueves de noviembre en EE.UU..
Favreau acabó el primer borrador a principios de diciembre.
Tras conversaciones adicionales con Obama, Favreau y su equipo escribieron un segundo borrador durante las vacaciones de Navidad.
Hace dos fines de semana Obama editó y reescribió el discurso tras recibir varios comentarios y sugerencias de Axelrod y Favreau.
Se espera que el texto provoque la inspiración de John F. Kennedy, refleje los sueños de Martin Luther King y los desafíos que afrontó Franklin Delano Roosevelt, quien en 1933 dijo a sus compatriotas sumidos en la Gran Depresión que lo único que tenían que temer era al miedo en sí.
Obama ha dicho que el principal objetivo de su discurso es definir el momento histórico en el que se encuentra EE.UU..
“Creo que esa es la principal tarea para mí en un discurso de investidura (…) el intentar capturar lo mejor que puedo el momento en el que nos encontramos”, dijo en una entrevista reciente con la cadena de televisión ABC.
El contenido del discurso es un gran secreto, pero Favreau no oculta que acude a las palabras de JFK, de su hermano Robert Fitzgerald Kennedy y de Martin Luther King en busca de inspiración.
En cuanto a sus predecesores, los encargados de escribir discursos para presidentes, ha confesado que Peggy Noonan, quien trabajó para Ronald Reagan es su favorita.
Noonan reconoció el año pasado que el mensaje de Obama es efectivo porque, dijo, va unido a la persona que lo pronuncia y a la inspiradora historia de su vida.
Favreau dice admirar también a Michael Gerson, quien trabajó para el presidente saliente George W. Bush.
Obama descubrió su poder dialéctico durante una marcha contra la segregación racial en la universidad en la que se dio cuenta de que había captado la atención de los asistentes tras empezar a hablar.
“Los congregados se quedaron callados y me miraban”, recuerda en sus memorias: “Dreams From My Father” (Sueños de mi padre).
Mañana captará también la atención, pero de un grupo mucho más numeroso: los millones de personas dentro y fuera de EE.UU. que están pendientes de su toma de posesión.
Fuente: EFE



